Las emociones, ¿Cómo impactan en nuestra vida?
El estudio de las emociones y su impacto en nuestras vidas ha sido uno de los temas principales y responsables de exhaustivas investigaciones en la psicología.
Los expertos definen las emociones como los sentimientos y la percepción que tenemos hacia uno o varios elementos, el contacto con la realidad y la imaginación; en otras palabras, es el impulso que induce a la acción. Estos sentimientos se expresan físicamente mediante alguna función fisiológica como, aceleración de la respiración, sudoración o cambio en el pulso cardiaco. Las emociones también son las responsables de los diferentes cambios de conductas en nosotros, sentirnos relajados, agresivos, ansiosos, estresados o deprimidos.
Ahora bien, ¿cuántas y cuáles emociones conoces? Es muy posible que estés pensando en la alegría, la tristeza, la ira y el miedo. Ellas forman parte de las emociones básicas junto al asco y la sorpresa, sumando 6 en total y se definen como reacciones afectivas innatas, distintas entre ellas, las cuales se presentan en todos los seres humanos de forma característica en cada uno de nosotros. Los expertos agregan que “las emociones básicas son fenómenos neuropsicológicos específicos fruto de la selección natural, que organizan y motivan comportamientos fisiológicos y cognitivos que facilitan la adaptación”.
Sin embargo, podemos coincidir que durante nuestra vida además de las emociones básicas, también hemos sentido apatía, vergüenza, frustración, celos, satisfacción, etc. Con estas últimas, nos referimos a las emociones más específicas y complejas, en ocasiones es importante profundizar en el significado de ellas para dar respuesta a ciertas conductas o actuaciones que se nos dificulta comprender.

Alegría
Se expresa a través de la sonrisa, los abrazos de forma cálida y amistosa. En el organismo se liberan endorfinas, las cuales producen sensación de bienestar, además de reducir el estrés. Se activa el sistema inmunológico, mejora el sistema cardiovascular y la motivación. También es responsable de enriquecer la armonía y la comunicación.
Miedo
Los latidos del corazón aumentan para bombardear más sangre a los músculos, a las extremidades y al cerebro por si necesitamos correr o reaccionar de forma rápida. A nivel hormonal producimos adrenalina, noradrenalina y corticoide, también llamados las hormonas del miedo, ellas impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas por lo que cuesta trabajo pensar claramente, incluso sin saber cómo actuar o qué decir.
Tristeza
Ocurre cuando hemos perdido algo importante, cuando estamos decepcionados o cuando sucede alguna desgracia. Es caracterizada por un decaimiento en el estado de ánimo habitual de la persona, que se acompaña de una reducción significativa en su nivel de activación cognitiva y conductual, sintiendo una pena intensa o depresión.
Ira
La ira se puede experimentar debido a acontecimientos internos o externos, es decir enfadarnos con una persona o con algún suceso determinado, o bien puede aparecer por problemas personales. Viene acompañada de síntomas físicos como la aceleración del ritmo cardíaco, el aumento de los niveles de presión arterial, así como la adrenalina y noradrenalina.
Asco
Se genera cuando algo no nos gusta o nos desagrada alguien en específico. Esta emoción cumple un papel importante en nuestra vida, ya que nos aleja de ciertas situaciones de peligro, sin embargo, la emoción del asco de forma desmedida puede llegar a causar fobias.
Sorpresa
Se produce de forma súbita como respuesta a algo imprevisto y puede desaparecer rápidamente. Esta emoción activa ciertos procesos cognitivos, ya que la persona que lo experimenta tiene un bajo control de la situación, poca información que lo puede llevar a un estado ansioso y una necesidad alta de afrontar el momento.
La importancia de identificar y controlar las emociones
Por tratarse de emociones básicas, todos hemos experimentado, en menor o mayor medida, estas emociones descritas anteriormente, no obstante, muchos de nosotros hemos sido enseñados a no actuar ante ciertas emociones como la ira y la tristeza. Puede que no reaccionar ante la ira tenga beneficios para la civilización, pero cuando guardamos lo que sentimos hasta el punto de reprimirnos fuertemente, se desarrollan una serie de síntomas físicos y psicológicos que van desde las úlceras y el dolor de cabeza a la presión arterial, ansiedad y depresión.
Para evitar este malestar, que al agravarse puede detonar alguna afección mental, es necesario identificar las emociones que experimentamos a lo largo del día, en qué circunstancia, cómo las sentimos en nuestro cuerpo y cuál es nuestra respuesta ante ellas. Conocer exactamente qué ocurre en nosotros nos permite tener un mayor control de la situación. Sin embargo, este no es un proceso que se logra de la noche a la mañana, es por ello que se recomienda la consulta con un psicólogo especialista para orientarte y ayudarte a conocer mejor tus emociones, aprender a manejarlas y a hacer la paces con ellas.