Las relaciones sentimentales violentas son bastante frecuentes y no tienen que ver con el estatus económico. Tampoco se puede pensar que únicamente los violentos son representados por la personas de sexo masculino, debido a que reiteradas veces las mujeres también incurren en maltrato hacia sus parejas.
Las víctimas de este tipo de relaciones, muchas veces se preguntan: ¿Por qué me tocó a mi?, ¿Es el destino que está en mi contra?, ¿Esto es producto del karma? Sin embargo, dicen algunos filósofos que las casualidades no existen, que todo lo que pasa está dado a las causalidades.
Basados en esta última afirmación, en este artículo se hará un análisis de las relaciones violentas y de las señales que se deben observar para no entrar en una de estas.
Ideas disfuncionales de las víctimas
Es importante reconocer que una relación amorosa requiere de dos personas, y si es una pareja con problemas de violencia, siempre habrá un victimario y una víctima.
Las agresiones no ocurren de la noche a la mañana, hay una serie de conductas que el abusador refleja y que la persona agredida va dejando pasar, lo que tiempo después se hará más fuerte llegando a lo físico.
Por esta razón es importante tomar en cuenta una serie de ideas disfuncionales, a fin de analizar nuestra conducta al estar en una relación, las cuales son:
Estas ideas también indican que las personas agredidas presentan una baja autoestima, por lo que pueden ser fácilmente controlables por su agresor, como expresión del amor que sienten por la otra persona.
Actitudes comunes en el victimismo
Las personas que ejercen violencia en una relación amorosa tienden a mostrar una serie de conductas que pueden ser señales de alarma y de las cuales hay que estar pendientes.
Es relevante reconocer que muchas personas que desempeñan un comportamiento violento presentan alexitimia o incapacidad para expresar las emociones propias, lo que señala que no las pueden describir, ni reconocer.

Características de las relaciones violentas
Cuando las parejas son muy jóvenes, la violencia comienza durante el periodo de noviazgo, siendo frecuente que se inicie con agresiones verbales, en forma de burla y humillaciones, en las que pueden estar de testigos amigos y compañeros de la pareja, que en algunas oportunidades apoyan estas conductas.
Un elemento que aumenta el riesgo de la violencia en las relaciones amorosas, es el consumo de alcohol y drogas, que puede ser por parte del victimario, de la víctima o de ambos. Esto influye en formas agresivas para resolver problemas o controlar el comportamiento de la pareja.
En las relaciones más formales los empujones, patadas y golpes tienden a ser una forma leve de violencia física. Mientras que el uso de armas blancas, de fuego y hasta llegar a ahogar a la víctima constituyen una manera severa.
Aunque la violencia física es la que se percibe con mayor facilidad, por parte de los que están fuera de la relación, el ataque psicológico deja más daños a nivel físico y mental. El mismo puede caracterizarse por: conductas de hostilidad, intimidación, humillación o degradación y control.
La violencia sexual se observa mayormente en parejas que ya estan establecidas o cuya relación es formal. Además, los estudios han determinado que al tener relaciones amorosas desiguales en las que hay una figura de autoridad y otra de sumisión el maltrato se produce de forma lenta y progresiva.
La autoevaluación de la actuación propia en las relaciones de pareja es fundamental, esto permitirá reconocer las señales de la existencia de conflictos y situaciones tormentosas, de las que cuesta salir sin daños.